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| Paseo de la Grúa. |
Ribadesella es uno
de los mejores lugares del norte de España para disfrutar
caminando, pues toda la fachada marítima de la villa,
desde la playa hasta el final del puerto, es hoy un cómodo
paseo sin interrupción. Tres son las zonas principales
de estos paseos próximos a la villa: el más próximo
al casco de la población es el paseo marítimo
del puerto, que comienza en el Paseo de los Vencedores
del Sella, al lado del monumento a los ganadores del
descenso Internacional del Sella, y continúa por el muelle
principal por el Paseo de la Princesa de Asturias,
de reciente remodelación. Esta es la zona más
concurrida del paseo, pues desde ella se abarca parte de la
villa, los barcos pesqueros y, enfrente, el puerto deportivo.
Se pasa junto a la Lonja del Pescado, un edificio emblemático
de la arquitectura racionalista de la II República, y
continúa por el Paseo de la Grúa,
un largo muelle construido entre los siglos XVIII y XIX, que
tiene como elementos principales su largo banco de piedra, la
literaria Fonte del Cay y la amplia rotonda final,
que hace de rompeolas. Desde este punto se puede subir al Mirador
de la Capilla de Guía, en el que se conservan
los cañones de la batería que defendió
la entrada del puerto. Desde allí se divisa una de las
mejores panorámicas del Cantábrico.
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| Ruta de los Molinos. |
En la zona de la playa, a la
que se puede ir paseando a lo largo del puente para disfrutar
de la ría del Sella, existen dos lugares para caminar
de gran atractivo: uno es el Paseo de la Playa
de Santa Marina, un espacio recién remodelado,
limpio y reluciente como acredita su “Q” de Calidad.
Este paseo recorre el amplio arco de la playa y sirve también
para admirar los palacetes modernistas que jalonan la playa.
Quien quiera tener mejor perspectiva puede subir, desde el final
de la playa, hasta las proximidades del faro, que corona el
monte Somos. En la misma zona de la playa, aunque más
escondido, está el Parque Natural del Malecón,
una marisma de gran interés ecológico, pues en
ella descansan las aves migratorias, en la que se ha habilitado
una hermosa senda para el uso público.
Pero no acaban ahí las posibilidades
para el caminante, pues todo el estuario del Sella, por ambas
márgenes, es un inmenso paseo. Por la margen
derecha, siguiendo el trazado de la vía férrea,
se llega a los Campos de Oba, una fresca arboleda
junto al Sella, famosa por celebrarse allí la romería
campestre el día de Las Piraguas. Allí puede verse
un puente de ferrocarril diseñado por el gabinete de
Eiffel y rehabilitado tras la guerra civil. Quien sea buen caminante
y desee seguir por la margen derecha del río, deberá
hacerlo por la carretera N-634 hasta la Pasarela de
Cueves, un puente peatonal que cruza el Sella y lleva
a la aldea de Cueves del Agua.
La margen izquierda del
Sella tiene muchos atractivos para el caminante, aunque tal
vez deba hacerse en automóvil, pues es una ruta larga.
Comienza junto a la Cueva de Tito Bustillo
y sigue por el Palacio de la Piconera y Sardalla
(excelente panorámica) en dirección a Tezangos.
Es recomendable desviarse un momento de esta ruta (a la izquierda,
camino señalizado) para visitar la iglesia románica
de Santa María de Junco, del siglo XIII,
en un bello paisaje. Retomando la carretera principal se sigue
en dirección a la aldea de Cueves del Agua, pero antes
de llegar se recomienda desviarse otra vez de la ruta (a la
derecha, señalizado Nocéu) en dirección
al pueblo de Nocéu para admirar las ruinas entrañables
de la iglesia de San Salvador de Moru, también
románica. (En Moru hacemos un inciso para decir que desde
aquí una carreterita muy hermosa que lleva a la aldea
riosellana de Tresmonte por cerros y pinares, baja luego a Fuentes
y sale a Arriondas por Sinariega, a la vera del Sella. Como
se puede ver, las posibilidades de ramificación de esta
ruta son varias).
Retomando ahora el itinerario original y
volviendo a la carretera de Cueves, enseguida el automóvil
parecerá ser engullido por unas fauces de roca, pues
la carretera atraviesa el corazón de la montaña
por una gruta natural, corriendo al lado de un riachuelo, hasta
llegar a la aldea de Cueves del Agua. La cueva
está discretamente iluminada y es uno de los espectáculos
naturales más asombrosos de la comarca. En Cueves del
Agua comienza la Ruta de los Molinos, ya estrictamente
peatonal, que tiene como atractivo, además del paisaje,
cuatro molinos tradicionales de agua.
La otra gran ruta del concejo de Ribadesella,
únicamente para caminantes o cicloturistas, es el Camino
de Santiago por la costa, o simplemente Camino
de la Costa. Su trazado viene a coincidir, a
grandes rasgos, con lo que fue durante siglos el Camino Real,
hasta que a finales del XIX se empezaron a trazar, por diferente
sitio, las actuales carreteras. Es la ruta más completa
para cruzar de punta a cabo el concejo riosellano y ver su costa
más salvaje, sus playas y su capital, aunque para hacerla
y disfrutarla como se merece se recomienda dividirla en varias
etapas.
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| Puente de Cuerres. |
El Camino entra en el concejo de Ribadesella
por la localidad de Cuerres, a través
de un puente medieval sobre el río Guadamía o
Aguamía, en cuyo entorno hay un par de molinos de agua.
En la aldea de Cuerres se puede visitar la iglesia de San Mamés,
antiguo centro de peregrinación, y su fuente, del siglo
XVIII, situada en medio del campo ferial. Desde Cuerres, siguiendo
siempre la señalización, se pasa a la aldea de
Toriellu por caminos interiores, y se sigue
adelante llevando la vía férrea a la derecha,
hasta que las señales jacobeas indican que hay que cruzarla,
dejarla a la derecha y seguir camino. Se sube el Cuetu la Barca
y se comienza a descender, siempre en dirección a la
villa de Ribadesella. En todo este trayecto, hasta la villa,
no se pasa por las aldeas, aunque sí por sus cercanías,
ya que el camino discurre por las proximidades de Palu Verde
y El Infiernu, unos parajes de acantilados que pertenecen respectivamente
a Camangu y Meluerda, pueblos
con magníficas casonas rurales. Este litoral, bravío
y solitario, es el punto más espectacular del tramo riosellano
del Camino de la Costa. En Espina, dejando
el pedral de Arra a la derecha, se sale a la carretera AS-263,
también llamada “carretera vieja de Santander”,
y desde aquí es posible desviarse de la ruta para visitar
la iglesia de San Martín de Collera,
que antaño tuvo un importante monasterio.
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| Covarosa. |
A la villa de Ribadesella
se entra por el barrio de El Portiellu, aunque
antaño la entrada principal bajaba por el Cuetu San Juan
y la Cuesta en diracción a la iglesia vieja. Bien por
la calle Trasmarina o por la calle Oscura, ambas de neto sabor
antiguo, se llega frente al renacentista palacio de Prieto-Cutre,
ya en el corazón de la villa. Se continúa hacia
la iglesia nueva, en cuyas proximidades hubo un hospital de
peregrinos desde el siglo XV hasta el XIX, y se deben admirar
en el interior del templo las colosales pinturas de los hermanos
Uría Aza, de mediados del siglo XX. A continuación
se puede pasear por el casco viejo a lo largo de la antigua
Calle Mayor, hoy Fernández Juncos, y La Atalaya, y admirar
sus fachadas, para visitar después la capilla de Santa
Ana, en el muelle, del siglo XVIII, restaurada recientemente
e incorporada hoy al Camino.
Hasta mediados del siglo XIX era necesario
cruzar la ría en barca y continuar el camino por el arenal,
aunque en la actualidad se hace por el puente y por la carretera
N-632. Al lado del actual instituto de bachillerato, se deja
la carretera nacional, se retoma el trazado primitivo y se sigue
por la carreterita interior a la aldea de San Pedru,
siempre al oeste. Rebasado este bonito pueblo, que fue cabecera
de parroquia hasta el siglo XIX y hoy destaca por la afición
a las flores de sus habitantes, la carretera enfila una fuerte
pendiente que nos lleva a Abeu, una aldea con
buenas casas y hórreos y con magníficas vistas
al mar y a la montaña. Desde aquí se ve ya el
siguiente punto a visitar, la iglesia de San Esteban
de Leces, de origen románico, que fue cabecera
de un vasto territorio que dio origen al alfoz de Ribadesella.
También hay en ese lugar una torre medieval, la de Ruiz
de Junco, y un Albergue de Peregrinos abierto
al público desde 1999, bien situado y atendido para hacer
noche.
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| Paseo de la Grúa. |
Desde aquí se sigue por un camino
hasta la casería El Forniellu, un antiguo
poblamiento romano, y por términos de Torre y
de Barréu, aunque sin entrar en ellos,
se va bajando por un camino empedrado, que antiguamente fuera
camino real, hacia el pueblo y la gran playa de Vega,
que ya se ven desde lo alto. Hasta su destrucción por
la riada de 1988, el paso del río se hacía por
un puente de piedra construido a comienzos del siglo XIX, sustituido
hoy por otro menos vistoso. Se sube a la aldea de Berbes
por el antiguo camino real, entre praderías que se abren
hacia el mar y ofrecen una magnífica panorámica,
y se llega a esta localidad, en cuya casería de El Parapetu
estuvieron acuarteladas durante casi año y medio las
tropas napoleónicas en la Guerra de la Independencia,
pues era un lugar inmejorable para la vigilancia de los caminos
y de la costa. De esta aldea se sale de nuevo a la carretera
N-632 por un pasadizo espectacular, tallado en la roca, llamado
La Caleyona, tras el que se deja atrás el lugar de Berbes
y se llega al puente sobre el río Cerracín, límite
del concejo de Ribadesella con el de Caravia, donde el Camino
de la Costa abandona las tierras riosellanas.
| © Copyright de todos los textos por
el autor: José Antonio Silva Sastre |
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