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| Cuevona
del pueblo de Cuevas, única vía de acceso
al mismo. |
La Naturaleza ha sido generosa con el concejo de Ribadesella,
pues lo ha dotado de un río muy hermoso, unos montes
escarpados próximos al mar, unos macizos kársticos
que hacen las delicias de los espeleólogos y un litoral
en el que se alternan las playas, las praderías, los
pedrales y los acantilados. El río Sella,
mundialmente conocido por su Descenso, es el más mítico
de los ríos asturianos. Nace en el Puerto del Pontón,
en plena cordillera cantábrica, y baja bravío
hacia el valle atravesando el Desfiladero de los Beyos, uno
de los parajes más impactantes y desconocidos del norte
peninsular. Convertido ya en ría desemboca en el Cantábrico
junto a la villa de Ribadesella, lamiendo mansamente la playa.
Sus dos afluentes más espectaculares vierten sus aguas
en el Sella horadando el corazón del macizo rocoso
de su margen izquierda: uno es el arroyo de Cueves,
que atraviesa una gruta natural –la de Boquera- por la
que discurre también la carretera de acceso al pueblo,
y otro es el río San Miguel, que
nace en San Miguel de Ucio, corre por el interior de la célebre
cueva de Tito Bustillo y desagua en el Sella cerca de la
villa.
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| Río
Acebo. Arco geológico de Torre. |
Otros ríos de interés en el concejo son el río
de Lloviu, que baja al Sella atravesando la cueva
del Tinganón, el Guadamía (o Aguamía),
que sirve de frontera ente los territorios de Ribadesella
y Llanes, y el río de Torre, que en realidad son dos,
el Acebo y el Utrera, que
se unen en esta aldea. El interés del Guadamía
está en su parte final, por la belleza del tramo rápido
de los molinos de Cuerres y de la playa de Llames, en la
que desemboca. El río Acebo, en Torre, pasa por debajo
de un puente geológico de roca natural llamado El
Arcu, en cuyo seno existe un antiguo molino harinero.
Aguas abajo, ya unidos ambos arroyos, atraviesa el sorprendente
Desfiladero de Entrepeñes, de agujas cuarcíticas,
y desemboca entre las dunas de la playa de Vega. El arroyo Cerracín,
en el que hubo un batán a comienzos del siglo XIX,
marca la línea occidental del municipio y el límite
con Caravia.
El concejo riosellano posee algunas montañas considerables,
algo infrecuente tan cerca del mar. La cumbre más alta
pertenece a la Sierra de Escapa y es el monte Mofrechu,
de 897 m., que está en las proximidades de la aldea
de Santianes y del río Sella. Desde la cumbre se domina
la ría, la costa y los Picos de Europa, y el acceso
más fácil es la vertiente sur, por la localidad
de Igena. Otras montañas notables son la Peña
Pagadín, una bella mole caliza de 419 m. enclavada
entre los pueblos de Calabrez, Pandu, Sardéu y Linares,
y La Peruyalina, en Tresmonte, de 493. Al
oeste del concejo llega la cola de las estribaciones de la Sierra
deEl Sueve, donde se encuentra el
mirador de El Fitu -haciendo vértice
entre cuatro municipios- y las cimas de Gobia (539
m.) y la Cruz de Llames, de 554, ambas colindantes
entre Ribadesella y Caravia.
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| Valle
de Peme. |
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| Espectacular
vista de la playa de Vega. |
La playa más importante del concejo, y una de las
mejores del Cantábrico, es la de Santa Marina,
conocida como “La Playa de los Picos de Europa” por
su proximidad al Parque Nacional, del que dista 35 kilómetros.
Está enclavada junto a la desembocadura del Sella y
forma una amplia concha flanqueada por dos montes, el Somos,
donde está el faro, y el Corveru, que protege la entrada
del puerto. Es una gran playa de arena dorada y fina, urbana
y dotada de todos los servicios modernos, tal como acredita
la consecución en 2004 del distintivo Q de Calidad,
una de las pocas playas españolas que lo poseen. Está bordeada
de palacetes de comienzos del siglo XX y tiene un paseo marítimo
recién remodelado, muy agradable tanto de día
como de noche. La otra playa urbana del concejo es la de La
Atalaya, una cala secreta y acogedora muy próxima
a la villa, a la que acuden los amantes no sólo de la
magia del lugar, sino del especial tono del bronceado que proporcionan
sus cantos y cantiles jurásicos.
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| Desembocadura
del río Guadamía. |
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| Paseo
de la playa de Santa Marina. |
Las dos playas no urbanas del concejo son las de Vega (que
se extiende también a Berbes) y Cuerres, situadas
a ambos extremos del concejo. La playa de Cuerres,
también llamada playa de Llames,
forma una especie de pequeño fiordo en la desembocadura del
río Guadamía y sólo deja la arena al descubierto
en marea baja, por lo que deben utilizarse los espacios verdes
colindantes. En los días de marejada, con la debida
precaución, se pueden ver las columnas de espuma y
oir los rugidos de los bufones próximos
al acantilado, en su margen derecha. La playa de Vega se
halla al occidente del municipio, está libre de urbanizaciones
y es una de las pocas del norte peninsular que conserva su
sistema de dunas. En su pedrero oriental se han encontrado
restos jurásicos, y en su fondo occidental se tolera
la práctica del nudismo. En las proximidades de esta
playa se encuentra el Desfiladero deEntrepeñes,
una impresionante formación de agujas cuarcíticas
de origen ordovícico, por lo que playa y desfiladero
han sido declarados Monumento Natural de
Asturias. Otros pedrales, también llamados pedreros,
son los de Arra,
una hermosa cala -situada frente al pueblo de Collera- a la
que se desciende por una escalinata en el acantilado, o los
de Abéu y Tereñes,
enclavados ambos en una hondonada del litoral y enmarcados
entre verdes y extensas praderías.
El municipio riosellano, cuyo suelo es en buena parte de
origen carbonífero, es muy rico en rocas calizas y,
por tanto, en actividad kárstica o disolutiva, que produce
cuevas y oquedades en el interior de los macizos rocosos. Las
cuevas han sido protagonistas de la vida local tanto en la
prehistoria, en la que fueron ocupadas por una importante colonia,
como hoy en día, cuando sirven de materia de investigación
y se han convertido en grandes recursos turísticos y
culturales. Aunque en la margen derecha del Sella hay cuevas
tan notables como la de San Antonio, las más
importantes se concentran en la margen izquierda, y casi todas
tienen su entrada en las “dolinas”, pequeños
valles ciegos formados por la acción erosiva del karst.
La más alejada del Sella es Cova Rosa,
una maravilla geológica situada en una dolina de Sardéu,
declarada Reserva Natural Parcial por contener una importante
colonia de insectos en peligro de extinción y vetada
tanto al acceso público como a su uso espeleológico
y turístico-cultural. También en esta margen
izquierda está la impresionante gruta de Boquera,
atravesada por un río y por la carretera que lleva a
la aldea de Cueves, así como las cuevas de Les
Pedroses, en El Carmen, y El Cierru,
en Fresnu, ambas ocupadas en tiempos prehistóricos.
Aparte de las mencionadas, las más importantes se hallan
en el Macizo de Ardines, junto al Sella. Es
un sistema de galerías intercomunicadas entre sí,
originadas en los sumideros de las dolinas de Ardines y con algunos
pasadizos ya cegados por derrumbamientos o cataclismos. Las cuevas
principales de esta red son la del Tenis, que
es la más alta y se asoma al río Sella por un mirador
natural, la Lloseta, que está justo encima
de Tito Bustillo y se comunica con ésta por una chimenea,
y la Cuevona, una inmensa cúpula geológica
iluminada por una espectacular abertura cenital que recuerda
al Panteón de Roma. Hemos dejado para el final la joya
de la corona, la Cueva de Tito Bustillo, uno
de los tesoros mundiales del Paleolítico, que es a su
vez un asombroso conjunto de galerías, salas, paneles,
estalactitas y estalagmitas que por sí mismo, y al margen
del valor prehistórico, merece una detenida visita. La
cueva está atravesada en todo su recorrido por el río
San Miguel, que desemboca en el Sella al lado de la actual puerta
de acceso a la cueva.
| © Copyright de todos los textos por
el autor: José Antonio Silva Sastre |
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